Ruta del Cares: la senda colgada de la garganta divina

Nadie diseñó este camino para caminar por placer. Se abrió a pico y pala entre 1916 y 1921 para dar mantenimiento al canal que alimentaba la central hidroeléctrica de Camarmeña, y se ensanchó en los años cuarenta para que cupieran las caballerías. Un siglo después, aquella obra de ingeniería se ha convertido en el sendero más transitado del norte de España.

La ruta del Cares recorre 12 kilómetros entre Poncebos (Asturias) y Caín (León), tallada en la pared a unos 200 metros sobre el río. Ida y vuelta son 24 kilómetros, entre 5 y 7 horas de caminata y unos 600 metros de desnivel acumulado. No hay pasos técnicos ni trepadas: la exigencia está en la distancia y en caminar junto a un precipicio sin protección.

Lo que sigue son los datos que necesitas antes de salir de casa: en qué sentido conviene hacerla, dónde dejar el coche sin acabar andando tres kilómetros extra, cómo resolver el regreso y qué meses compensan más.

Qué separa exactamente esta senda

En los buscadores aparece casi siempre como ruta del Cares Asturias, aunque conviene matizarlo: la senda arranca en territorio asturiano pero termina en León, y buena parte del recorrido discurre por la vertiente leonesa del parque.

La garganta divina es el tajo que el río Cares ha excavado entre el Macizo Central y el Macizo Occidental de Picos de Europa. En su parte más cerrada apenas deja pasar la luz al mediodía. El camino va por la mitad, ni arriba ni abajo, con la roca a un lado y el vacío al otro.

Ese trazado es lo que hace reconocible la ruta del Cares en cualquier fotografía: una línea horizontal imposible, con la misma anchura durante kilómetros, porque fue excavada con criterio industrial y no siguiendo el terreno.

Ficha técnica

DatoValor
Distancia solo ida12 km
Distancia ida y vuelta24 km
Tiempo estimado ida y vuelta5-7 h
Desnivel acumulado≈ 600 m
DificultadMedia, por distancia
Tipo de recorridoLineal
Agua potable en el trayectoNo hay fuentes fiables
Coste de accesoGratuito

Desde Poncebos o desde Caín

Las dos entradas son válidas y cambian bastante la experiencia del día.

Saliendo de Poncebos, los primeros tres kilómetros son de subida continua hasta el collado. Es el tramo duro, y lo afrontas con las piernas frescas. A partir de ahí el camino se vuelve casi horizontal.

Saliendo de Caín, entras directamente en lo más espectacular: los túneles excavados y el puente colgante aparecen en los primeros minutos. Tiene una ventaja práctica evidente: si te cansas y decides dar la vuelta antes de tiempo, ya has visto lo mejor.

Para una primera vez, y sobre todo si no tienes claro que vayas a completar los 24 kilómetros, la ruta del Cares se disfruta más empezando por Caín.

Ruta del Cares dónde aparcar sin complicaciones

Este es el punto que arruina más jornadas en verano, y conviene resolverlo antes de arrancar el coche.

En Poncebos hay estacionamiento junto al funicular de Bulnes y varias zonas habilitadas a lo largo de la carretera de acceso. En julio y agosto se llenan antes de las nueve de la mañana.

En Caín el aparcamiento es más pequeño y la carretera de acceso tiene tramos de un solo carril, lo que complica la maniobra si te cruzas con un autobús. Se satura todavía antes.

Resolver la ruta del Cares dónde aparcar es, en la práctica, el 80% de la planificación. La única solución realista en temporada alta es madrugar de verdad y estar aparcado antes de las ocho. Como efecto secundario caminas con sombra y con mucha menos gente, algo que se agradece en una senda de metro y medio de ancho.

El regreso: el problema que casi nadie prevé

La ruta del Cares es lineal, así que terminas a 12 kilómetros del coche. Hay tres maneras de resolverlo:

  • Ida y vuelta a pie. Los 24 kilómetros completos. Es lo que hace la mayoría y no exige organizar nada.
  • Dos coches. Uno en cada extremo. El inconveniente es serio: por carretera hay más de dos horas entre Poncebos y Caín, porque hay que rodear el macizo entero.
  • Taxi o transporte concertado. Funciona en temporada, conviene reservarlo con antelación.

Cuándo compensa ir

La senda está abierta todo el año, pero los meses no se parecen entre sí.

  • Mayo y junio. El mejor momento. Verde intenso, buen caudal y temperatura cómoda.
  • Julio y agosto. Mucha afluencia y mucho calor. El tramo central no tiene sombra y la roca refleja el sol.
  • Septiembre y octubre. Segunda mejor opción, con bastante menos gente.
  • Invierno. Puede haber hielo dentro de los túneles y desprendimientos después de las lluvias. Conviene consultar el estado antes de ir.

Seguridad real de la ruta del Cares

No hay tramos técnicos, pero sí una realidad que conviene decir sin rodeos: durante buena parte del recorrido caminas junto a una caída de decenas de metros sin ninguna protección. El firme es ancho y estable, y quien camina por el lado interior va perfectamente seguro. Aun así, con vértigo acusado la experiencia se hace muy cuesta arriba.

Curiosamente, el riesgo que más incidentes provoca en verano no es la caída sino la deshidratación. En los 12 kilómetros no hay fuentes fiables y solo encontrarás bares en los dos extremos.

Qué meter en la mochila

  • Dos litros de agua por persona como mínimo.
  • Calzado con suela agarrada: hay piedra suelta en varios puntos.
  • Gorra y crema solar, porque la sombra escasea.
  • Comida, ya que no hay nada en el trayecto.
  • Un frontal pequeño para los túneles, que son cortos pero oscuros.

Con niños y con perro

Se puede hacer con niños si no la planteas como travesía completa. Muchas familias entran desde Caín, recorren tres o cuatro kilómetros hasta pasar los túneles y el puente colgante, y se dan la vuelta. Son unas dos horas y ya han visto lo más impresionante.

En la ruta del Cares está permitido ir con perro, siempre atado y con agua para el animal. En verano el suelo de piedra alcanza temperaturas altas y conviene tenerlo en cuenta antes de decidir.

Qué añadir al viaje

Si vas a pasar varios días por la zona, esta senda encaja dentro de un plan más amplio por las mejores rutas de Picos de Europa, que van desde recorridos suaves hasta ascensiones serias. En la costa, a menos de una hora en coche, están los bufones de Pría, unas chimeneas naturales que expulsan agua del mar cuando entra temporal.

Y estando en el concejo que le da nombre, merece la pena probar el queso de Cabrales en su origen: se madura en cuevas naturales a pocos kilómetros del inicio del camino.

Preguntas frecuentes sobre la ruta del Cares

¿Cuánto se tarda en hacer la ruta del Cares?

Entre 5 y 7 horas ida y vuelta, a ritmo tranquilo y contando paradas. Solo la ida ocupa entre 3 y 3 horas y media.

¿Hay que pagar para entrar?

No. El acceso a la senda es libre y gratuito durante todo el año. Lo único que puede tener coste es el estacionamiento en determinadas zonas habilitadas, según la temporada.

¿Se puede hacer en bicicleta?

No. El paso de bicicletas está prohibido por la anchura del sendero y el volumen de caminantes.

¿Qué extremo tiene mejor acceso en coche?

Poncebos, en Asturias, tiene una carretera más cómoda y más plazas de aparcamiento. La subida a Caín, en León, es más estrecha y con tramos de un solo carril.

¿Es apta para hacerla con calor?

Es la peor combinación posible. Con más de 30 grados y sin sombra, la ruta del Cares se vuelve dura incluso para gente entrenada. Si vas en agosto, sal antes del amanecer.

¿Hay cobertura móvil en el recorrido?

Es intermitente y falla en los tramos más encajonados. No cuentes con ella para orientarte ni para avisar en caso de problema.

¿Se puede recorrer solo una parte?

Sí, y es lo más recomendable si vas justo de tiempo o de forma física. Desde Caín, cuatro kilómetros de ida bastan para ver los túneles, el puente colgante y la parte más cerrada de la garganta.

¿Cuál es el mejor mes para ver el río con caudal?

De abril a junio, con el deshielo y las lluvias de primavera. En pleno agosto el Cares baja bastante más bajo.

Si es tu primera visita a Picos de Europa, reserva un día entero para esto y no lo encajes entre otros planes. La ruta del Cares no se disfruta con prisa, y la mayoría de quienes la hacen a contrarreloj terminan lamentándolo.